June 1, 2012
Lo retro

Por Manuel Canti

Hace pocos días, tuve un intercambio interesante con mi hermano. La conversación giraba en torno a la calidad de sonido de las distintas tecnologías. Pendien, un gran músico, y 11 años menor que yo, sostenía con mucho ahínco que el sonido que emana un tocadiscos es mucho mejor que el que proviene desde un CD.

Su argumento era muy sencillo, aunque no tan claro. “El sonido del tocadiscos es mucho mejor, más puro. Escuchar a Dylan en un vinilo es como estar ahí, en el recital, a metros de su mítica guitarra”. Por el contrario, yo sostenía -con mi habitual vehemencia- que sus argumentos sonaban poco contundentes, aunque en realidad no es esa la palabra que los definen. Eran románticos, argumentos románticos.

Pendien, inspirado en su hermano Leoncito, fue muy meticuloso. Sin perder cuidado, se dirigió un día al viejo escritorio, y tomó un aparato de más de 30 años con el propósito de volverlo a la vida. Desempolvó el Technics que hasta hace poco yacía moribundo, lo colocó en una mesita nueva en el sector nuevo de la casa, reparó los circuitos eléctricos y compró una púa nueva (increíblemente todavía las venden; más sorpresivo es que haya quienes continúan fabricándolas). Ahora, una sola cosa faltaba: los vinilos.

Ahí, la cosa no fue complicada. En mi casa todavía quedaban algunos y otros los obtuvo de la colección de nuestra abuela. Unos pocos se sumaron desde mi cuarto; habían sido un regalo que recibí en mi juventud. Y así es como un objeto muerto, electricidad de por medio, volvió a la vida.

Pero claro, si bien el sonido tiene cuerpo también tiene interferencia. La púa fricciona contra el disco, y ese ruido no desaparece. Algunas grabaciones habían sido mezcladas de manera primitiva para los estándares de hoy. Sonaba bien, lindo, fuerte. Pero obviamente no tiene la misma calidad de sonido que un CD grabado con máxima calidad. Progreso, lo llaman.

Sin embargo, Pendien seguía sosteniendo sus argumentos (aunque algo de lo que yo le decía pareció aceptar). No se, probablemente la añoranza de “lo retro” sea una cuestión de juventud.

Pues bien, podría parecer que no, pero esta cuestión retro tiene que ver con todo. No se si porque somos una nación joven, si porque nuestra democracia es joven, si es debido a que La Cámpora es joven, si el kirchnerismo como movimiento nacional es joven, si el roce internacional de la presidenta de la Nación es joven, o que, pero por un extraño motivo parece que de repente, todos juntos, añoramos lo retro.

El logo de YPF (desplegado en numerosos lugares, incluyendo en las espaldas de los árbitros la pasada fecha futbolística). El dólar oficial, el paralelo, el comercial, el financiero, el negro o el ilegal. El comentario sobre la posibilidad del desdoblamiento del mercado de cambios. Los arbolitos, las pizarras, las cuevas, la calle San Martín. La inflación. “Emiten mucho, imprimen billete”. Nacional y popular. Gorila. El inminente quiebre de la CGT. Perón y los cipayos. Que te digan que apostar al dólar es perder. El pasado, el pasado y más pasado.

Me resulta inverosímil que este tipo de cuestiones sean la sustancia del discurso predominante, y no que debatamos sobre nuestro futuro. Me gustaría creer diferente, pero aquí todo es de corto plazo. Y lamentablemente nos conformamos con lo que somos y no con lo que podríamos ser.

O tal vez sí. Tal vez, el tocadiscos suena mucho mejor. Tal vez, hay que pensar en pesos, total, el peso debe ser -por actualidad y por historia- la mejor reserva de valor a nuestro alcance. Tal vez no hay que disentir. Excepto que, como dijo Tato Bores, parezca un chiste si no fuera una joda grande como una casa.

May 24, 2012
In case you missed it. "Nazi legacy: The troubled descendants"

May 18, 2012
Lo importante

Por Manuel Canti

El disparador de algunos de los comentarios -tal vez reflexiones- que siguen, están inspirados en el siguiente fragmento, parte de unos textos escritos por Martín Caparrós en Pamplinas, su blog:


–Y sin embargo es probable que se lo recuerde más por los puros que se fumaba o no se fumaba en el Salón Oral…

–…y los que le metía por ahí a Mónica Lewinsky. Pero esa es la pequeña historia.

–Pero es lo que ha quedado como imagen, ¿no?

–Sí, no sé, me parece tan estúpido quedarse en eso. Y además la vida privada de la gente qué demonios le importa a nadie, ¿verdad?

–Pero en un país tan moralista como los Estados Unidos…

–No, les interesa más la cartera que la moral. Como les fue muy bien económicamente le perdonaron todas las faltas veniales a Clinton.

–¿Son moralistas mientras no les afecte el bolsillo?

–Exacto, y ahora también son patrióticos mientras no les afecte el bolsillo.


El diálogo, según cuenta el reciente ganador del Premio Herralde de novela, transcurrió en el mes de noviembre de 2001. Las afirmaciones pertenecen al grandísimo Carlos Fuentes, quien andaba por el país a raíz de un Foro Iberoamericano que él mismo había convocado. Noviembre, un mes que encontraba a la Argentina, para variar, a los tumbos.

Qué sabiduría la de Fuentes. Esa de no quedarse en las banalidades, sino en las cosas importantes. Que si fueron actos impropios, que si el cigarro entró o no entró. La cuestión que trasciende -y debería trascender- de la excelente presidencia de Bill Clinton es su performance económica y el estado en el que estaba la sociedad norteamericana en 2001 en comparación con 1993. Y, si bien nadie es perfecto y las criticas siempre existirán, los datos son los datos. Algunos de ellos -referidos a la presidencia Clinton-Gore- siguen abajo (y pueden verse en detalle acá goo.gl/MxkpP):

·      El período de expansión económica más largo de la historia de EE.UU.

·      El paso de déficits record a superávits record.

·      La creación de más de 22 millones de empleos.

·      La tasa de desempleo más baja de las últimas 3 décadas.

·      El crecimiento más prolongado de los salarios reales en más de 3 décadas.

Por eso, a pesar de la moral protestante y conservadora de la mayoría de la población estadounidense, Clinton logró evitar el juicio político (o impeachment). Según Fuentes, no por su carisma, no por sus habilidades como saxofonista ni por sus dotes como jugador de golf. Zafó porque a esa población no le tocaron el bolsillo, sino todo lo contrario.

Dicho de otra manera, el pueblo reacciona cuando se lo tocan.

La última línea de la entrevista va un poco más allá. Contiene un escondido -o no tanto- dejo de ironía. Porque es obvio, el patriotismo nada tiene que ver con el bolsillo. O por lo menos, no el patriotismo de verdad, definido como amor a la patria, o como el sentimiento de aquella persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.

Por eso, las exageradas demostraciones de artistas a favor del gobierno no son patriotas. Tampoco lo son la obsecuencia de agrupaciones y personas diversas (desde las de derechos humanos hasta sindicales), que responden siempre sí y a viva voz, o el mediocre despliegue de funcionarios y empresarios en un país africano cuyo presidente está en el poder hace 32 años, cuya hija es sospechada de ser su testaferro (y por ende cabeza de millones de dólares en empresas y billetes) y con serios cuestionamientos (de Amnesty International o Human Rights Watch, nada menos) a las libertades que cualquier persona merece. Patriota es otra cosa.

Patriotismo es lo importante. Patriotismo es dejar un país mejor luego del paso del tiempo. El problema es que parecería que el egoísmo tiende a prevalecer, y por ende constantemente nos aquejan las peleas triviales de la basura, el subte y la CGT; o los grandes temas como el avasallamiento institucional, la inseguridad o la inflación.

Mientras tanto, aplausos y silencio. Pero cuidado, que el bolsillo no es solamente el de los ricos, es el de todos. Y todavía no nos lo tocaron (otra vez).

Ojalá que no sea demasiado tarde.

May 15, 2012
Mirá hasta adonde llegamos…

No es sólo que aun si pagás tus impuestos, “alguien” no te deja comprar dólares.

Es un tema de principios. Es un tema de libertades. Mirá este comentario, publicado en un blog de Perfil (http://blogs.perfil.com/contadorlocane/2012/05/15/dolar-kicillof-propone-decir-adios-al-mercado-libre/comment-page-3/#comment-18527):

“Trabaje 20 años para comprar una casita, firmo el boleto y ahora no me venden los dolares. o pierdo lo del boleto o pago un 25% mas. Como no tengo ese 25% mas que esta penado por ley su compra en cuevas pido un prestamo y voy a la afip y me dicen. El sistema no te permite comprar. No es una resolucion ni una norma especifica es “El sistema” La verdad que me falto coraje pero era para prender fuego la agencia.”

May 2, 2012
Columna Vertebral

Por Manuel Canti

Seis y media de la tarde. El sol poniéndose, la temperatura corriendo hacia abajo. Pero lindo. Una suave brisa, de ese otoño que ya se vino, fresquita, del invierno que se avecina en la provincia de La Pampa. Una zona que no es la pampa húmeda, pero tampoco el desierto del oeste. Mucha arena. Menos lluvia que antes. Y de repente, me dijo el encargado, “están cosechando soja, ¿vamos?”.

Y fuimos. Nos subimos a la camioneta, y nos dirigimos hacia el lote en donde estaba trabajando el contratista. “El contratista”. Dos palabras que le sacan la humanidad al contenido. Por eso, mejor dicho, estaba trabajando la firma familiar que trabaja en este campo desde hace más de 50 años. Sí, el abuelo trabajaba con el abuelo dueño del campo, allá por los cincuentas. Y hoy, su nieto, estaba arriba de la cosechadora, cosechando soja, a las seis y media de la tarde.

Al llegar al lote podía apreciarse la labor de una máquina preciosa. Iba y venía, dejando el campo peladito, peladito. A diferencia del maíz o del girasol, en donde parte de la planta queda a la vista en la tierra después del paso de las cuchillas, la máquina que levanta “el yuyo” deja el terreno casi como una cancha de fútbol. De costado, se veía una persona en un tractor con una tolva vacía. Y más lejos, un camionero a la espera, al lado de un campamento para pasar la noche.

“¿Querés subirte?”, me dijo el encargado. Le hicimos una seña a quien manejaba la máquina, la detuvo, y nos subimos. Una vez dentro, tuve una mezcla de sensaciones. Por un lado, de maravilla, asombro. Por otro, una comprensión con sabor amargo.

La admiración venía por el lado de la tecnología. La verdad que la máquina es increíble. A medida que avanzábamos, la computadora arrojaba, en tiempo real, datos sobre los rindes, la humedad y la cantidad de terreno cosechado. Además, proveía gráficos que permitían comparar cuáles sectores eran los más productivos. Todo en forma instantánea, con una gran precisión. “Vos sos Martín, ¿no?”, le pregunté. Y me contó que hace poco tiempo habían hablado con su padre, de 75 años, de las décadas que habían trabajado esta tierra.

Y después me tocó manejar. Manejar la cosechadora. Una experiencia profunda. De fácil maniobrabilidad, había que estar atento al terreno. Lado a lado avanzábamos, escuchando la radio, hasta que un indicador comenzó a sonar. La máquina estaba llena, y había que descargar grano. Automáticamente, la máquina encendió una luz, el tractor se acercó, y a través de un tubo (también llamado chimango) comenzamos, sin detenernos, a descargar el grano en la tolva. “Vos quedate tranquilo”, me dijo Martín, “el tractor no te va a chocar”. Y en eso, se escuchaban por la radio los informes de los precios de los granos y el ganado, eso que uno escucha mientras maneja por la ciudad y no entiende bien de qué se trata.

Y entonces, conecté los puntos, y -creo- entendí. De repente, no estaba manejando una cosechadora en La Pampa. En ese momento, pasé a formar parte de la estructura que sostiene a nuestro país. De su columna vertebral. De su principal fuente de ingresos y posiblemente de empleo. Estaba en una tierra que tenía una máquina que usa la última tecnología (en el sector cuyos costos son los más competitivos del mundo) que estaba manejada por su dueño que tenía una persona esperando en un tractor para descargar la cosecha en un camión que sería conducido por otra persona para llevar los granos a un silo que en algún momento iba a ser transportado a otra planta para exportar o transformarse en aceite, milanesas o leche que, al final de la historia, significarían importantísimos ingresos de divisas a la nación. Todo ello, multiplicado infinidad de veces.

Y esto, a pesar de las retenciones, de lo caro que son los repuestos (cuando permiten su importación), del aumento en los costos laborales, de la poca ayuda en las sequías, etc. Hay veces que como sociedad perdemos el foco.

Al rato, le dije a Martín, “qué increíble, ¿no?. Esto no es otra cosa que la esencia de la Argentina.” “Sí”, me respondió. “Lástima que somos poco valorados”.

De ahí la comprensión con sabor amargo.

April 26, 2012
Este nivel de civilidad es in-cre-í-ble

April 18, 2012

Smiley & West. About how the system is wrong and targets the poor.

April 13, 2012

From his morning-time perch above the southbound lanes of Highway 85 in Monterrey, Mexico, photographer Alejandro Cartagena catches images of people on their way to work.

(via newsweek)

April 13, 2012

(via masternoona)

April 12, 2012
Un tema importante

Por Manuel Canti

The lesson of history, the authors argue, is that you can’t get your economics right if you don’t get your politics right”. Traducido al español, esta cita puede leerse así: la historia enseña, sostienen los autores, que uno no puede tener la economía bien si uno no tiene la política bien. Los autores a los que se refieren estas líneas son Daron Acemoglu, economista del MIT, y James A. Robinson, politólogo de Harvard. Y su trabajo se titula “Why Nations Fail” (“Por qué las naciones fallan”).

La clave, según los autores, está en las instituciones, tanto políticas como económicas. Allí radica la diferencia entre las naciones exitosas y aquellas que fracasan. Las que triunfan y logran mejorar la calidad de vida de sus habitantes, son las que desarrollan instituciones “inclusivas”; esto es, instituciones económicas que protegen los derechos de propiedad, crean un campo con reglas de juego parejas e incentivan inversiones en actividades relacionadas a nuevas tecnologías y a capacidades que conduzcan al crecimiento económico. Las que naufragan, en cambio, son las naciones cuyas instituciones son “extractivas”; armadas de manera tal que extraen recursos de la mayoría para concentrarlos en unos pocos.

Las instituciones económicas inclusivas, a su vez, están sostenidas y sostienen a las instituciones políticas, conjugando la distribución de poder y el pluralismo con la concentración necesaria para garantizar el cumplimiento de la ley y el orden, como así también los derechos de propiedad y una sana economía de mercado. Por el contrario, las instituciones políticas extractivas concentran fuertemente el poder, logrando mantener las mencionadas instituciones económicas extractivas.

¿Cuál es la diferencia, entonces, entre los países de Europa del Este y Georgia o Uzbekistán, siendo que todos eran miembros de la Unión Soviética hace más de 20 años? ¿Por qué Israel es mucho más exitoso que los países árabes que lo rodean? ¿Qué hace mejor a Kurdistán del resto de Irak?

La clave está en las instituciones. El petróleo o ayuda internacional es una mera consecuencia.

Los autores plantean que el crecimiento económico sostenido requiere un elemento crucial: la innovación. Pero plantean que la innovación se logra a partir de un proceso que denominan “creación destructiva” que reemplaza lo viejo de la realidad económica con lo nuevo, cambiando (y desestabilizando) las relaciones de poder establecidas en la política.

Es cierto que la Argentina ha crecido mucho en la última década, y que ha habido avances en el campo de la institución presidencial, el desendeudamiento, la Corte Suprema de Justicia y los derechos humanos. Pero siguiendo la línea de los autores en cuestión,  ¿nuestras instituciones (con excepción de la Corte), están mejor?   ¿Nos estamos diferenciando para bien de nuestros vecinos, léase Brasil, Chile, Uruguay, Perú?

En otras palabras, ¿protegen nuestras instituciones económicas los derechos de propiedad, mantienen las reglas de juego y crean incentivos para inversiones en tecnología? Y en lo político, ¿tenemos una sana distribución de poder y pluralismo, junto con una concentración que permita mantener el orden y la tolerancia?

El desenlace del Correo y las AFJP, la hostilidad con YPF el cambio constante en la normativa vigente (sistema cambiario, Banco Central), son unos pocos ejemplos que hablan por sí solos. La concentración de las decisiones en manos de una mesa muy chica, el aumento del centralismo, los amigos que se vuelven jueces y el total descontrol de la seguridad, también.

Estas líneas, basadas en un artículo de Thomas L. Friedman, publicado en The New York Times, sólo pretenden contribuir a la reflexión de un tema que es poco tratado. Un tema importante. 

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